
El corazón es un órgano musculoso y hueco formado básicamente por aurículas, ventrículos, válvulas, venas y arterias, todo ello dividido por algún que otro tabique. Una máquina de bombeo perfecta e incesante por la que inmensos flujos de sangre son contraídos y expulsados con una extraña constancia. Pero eso es simplemente lo que se ve.
Entre el fluir bestial de torrentes incansables y la mecánica ciega de los latidos también navegan las mañanas limpias de quien fue felizmente niño, las sombras largas de las tardes en la playa de Las Arenas, los primeros números o letras aprendidos, el descubrimiento del amor, los paseos por la ciudad, la fuerza furiosa de la carne, las muchas horas de tedio o de trabajo, la ilusión de los hijos, las alegrías, los olores perdidos de casas diferentes en las que se habitó, algunos desengaños, la esperanza de los días que están por venir.
El otro día a mi padre algunos coágulos se le escaparon del corazón y fueron a dar al lugar donde residen los sueños. Sentado junto a él en la cama, yo veo ahora su dificultad para hablar o moverse y miro sus ojos de niño inquieto o cansado intentando expresar lo que sus labios no logran articular apenas, y lo veo más niño y más indefenso que nunca. Y siento con una determinación inmensa y agradecida cuánto le quiero.